Carta abierta de una persona con dolor crónico

Nadie lo creería, pero cuando tienes dolor crónico, abrir los ojos por la mañana puede resultar un momento esperanzador. Tu primera acción es comprobar si ese día el dolor, a diferencia de ti, se ha quedado dormido y ha decidido darte una tregua. Pero generalmente no es así. Con tan solo movernos unos centímetros, el dolor se manifiesta, nos deja saber que sigue ahí.

Dicen que el dolor no se puede ver, pero yo digo que es mentira. Los pacientes que sufrimos de dolor crónico, cuando nos miramos al espejo, no vemos nuestros rostros, no apreciamos nuestros cuerpos. Vemos el reflejo de lo que el dolor nos permite ser. El dolor enmascara nuestras vidas, nuestras sonrisas y nuestros pensamientos, aunque luchemos para que no sea así.

Lo más doloroso de tener dolor crónico es enfrentarse a la constante necesidad de convencer a los demás de que en realidad sientes dolor. Qué más quisiéramos quienes tenemos cronificado el dolor, que sentir que solo está en nuestra imaginación, y poder llevar nuestras vidas como hasta antes de empezar a padecerlo.

Un doloroso peregrinaje

El primer escollo que debemos superar, lo encontramos generalmente en nuestra casa, en nuestro entorno más inmediato. Antes de manifestar en voz alta que tenemos un tipo dolor que no nos deja hacer las cosas que hacíamos anteriormente, libramos duras batallas con la cotidianidad. No nos resulta fácil hacernos a la idea de que un dolor punzante, quemante o cortante, en alguna parte del cuerpo, se empieza a acomodar de tal manera en nuestro organismo, que pareciera que siempre hubiese estado allí.

A medida que pasa el tiempo te das cuenta de que ese dolor no se va a pasar con las medicinas con las que tu médico de cabecera ha intentado frenarlo. Es entonces cuando comienza la otra parte dolorosa del dolor: lograr que algún especialista vea lo que tú sientes.

Porque es así: la ciencia no se conforma con nuestro testimonio de que hay algo que nos duele y que no cesa. Ella se empeña en que una prueba le muestre dónde y por qué se origina el dolor. Y la verdad que eso está bien. Pero muchas veces nuestros dolores crónicos no se dejan ver ni por la ciencia actual ni por nadie. Es como si ellos solo supieran aferrarse con más fuerza a nuestros cuerpos.

Por todo ello es que he decidido escribir esta carta. Porque los pacientes con dolor crónico tenemos tantas cosas que decir, tantas cosas que agradecer y otras tantas cosas que aprender. Me he planteado la necesidad de dar este testimonio, aunque prefiero hacerlo de forma anónima, porque es una manera de hablar en nombre de muchas personas, mujeres y hombres que llevan, como yo, la carga constante de un dolor crónico y el reto permanente de combatirlo.

Antes que nada, quiero agradecer a los médicos que respetan nuestro dolor y que nos derivan a las unidades especializadas sin esperar a que nuestra agonía llegue al límite. Y gracias también a los especialistas de las unidades del dolor. Qué más podemos decirles sino que sentimos por ellos un profundo agradecimiento por intentar devolvernos la calidad de vida que en muchas ocasiones percibimos como perdida de manera irremediable.

Y es que, la mayoría de nosotros, antes de llegar a la consulta de un especialista del dolor tenemos que contar tantas, pero tantas veces nuestra historia, que terminamos por recitarla de memoria. Con nuestro malestar crónico a cuestas, iniciamos un peregrinaje doloroso por diferentes consultas en las que describimos con detalle nuestras dolencias, con la única esperanza de encontrar mejoría. Pero en no pocas ocasiones, la actitud y la respuesta que recibimos de algunos profesionales nos hacen salir de la consulta aún más adoloridos.

Ya cuando llegamos a una unidad de dolor sabemos que toda la atención se centra en lo que realmente importa: intentar entender el dolor para buscar la mejor manera de contrarrestarlo. La sensibilidad que hay en este tipo de clínicas, nos devuelve la esperanza, y eso ya empieza a ser mucho.

Componente psicológico

Es verdad que nuestro dolor tiene un componente psicológico fuerte, pero es necesario entender que, por lo general, es el dolor el que lo alimenta y no al revés. Muchas personas creen que quienes padecemos dolor crónico somos remitidos al psicólogo para que nos hagan ver que el dolor no existe. Sea esta la oportunidad para decir que estos profesionales nos ayudan a aprender a vivir con nuestro dolor. A seguir viviendo a pesar de…

Si contáramos la de veces que nuestros familiares y amigos nos insinúan que a lo mejor los dolores están en nuestra cabeza, estaríamos un buen rato entretenidos. Por eso mi invitación a todas las personas es que cuando alguien os cuente que tiene un dolor físico, seamos empáticos. No juzguemos, no califiquemos, no comparemos. La mejor forma de respetar el dolor ajeno es escuchar.

Yo también estuve del otro lado. Yo también llevaba una vida normal hasta que sin saber cómo ni por qué, este dolor crónico se acomodó en mí ya hace tres años. No puedo decir que lo odio, y no miento si os digo que he aprendido a valorarlo.

Gracias a la Clínica del Dolor he aprendido a controlarlo, a encontrar las maneras de mantenerlo a raya para poder seguir haciendo las cosas que tanto me gustan como persona, como esposa, como madre y como amiga. Los médicos nunca me han dicho que este dolor me vaya a abandonar, pero saber que no estoy sola, saber que cuento con un equipo de profesionales que se preocupan por mantenerme en pie para darle la pelea, ya me sirve para seguir adelante.

Gracias a todos los profesionales que se compadecen de nuestro dolor y se preocupan por minimizarlo. Gracias a nuestros familiares por entender nuestro dolor, por entender que hay días buenos y otros que no quisiéramos tener que vivirlos. Gracias a los investigadores por seguir explorando nuevas rutas para encontrar alivio.

Y, ¿por qué no?, gracias a las otras personas con las que comparto esta situación y que me han contado sus historias mientras aguardamos nuestros turnos en tantas salas de espera. Todas ellas me han dado lecciones para ser más fuerte y más esperanzada. Como en cada mañana, cuando abro por primera vez los ojos y espero que el dolor se haya dormido, para siempre.

IMPORTANTE
Este blog tiene como objetivo dar a conocer la actividad de la Clínica del Dolor de Madrid al público en general. En ningún momento la información de estas líneas reemplaza el diagnóstico médico o la prescripción de tratamiento que determine el personal sanitario para cada paciente.