Cuidados emocionales del dolor crónico durante la crisis por el coronavirus

En momentos en que la sociedad se enfrenta a un confinamiento obligatorio, colectivos como el de los pacientes con dolor crónico pueden resultar más vulnerables a sus efectos psicológicos adversos.

Frente a ello, y en la medida en que no todos tienen la posibilidad de contactar con un psicoterapeuta a través de los canales virtuales disponibles, la mejor opción frente a estos riesgos radica en la adopción de medidas de autocuidado.

Buena parte de las recomendaciones para el autocuidado emocional en tiempos de confinamiento son tan válidas para los pacientes con dolor crónico, como para todos en general. La particularidad, en relación con el dolor crónico, es que se ha demostrado que respuestas emocionales como la preocupación, la tristeza y la incertidumbre -que en los peores casos pueden conducir al estrés o a la depresión-, incrementan la percepción del dolor físico.

En este punto hay que ser especialmente cuidadosos, ya que enfrentamos una situación que, por sus características de amenaza personal y social, puede someternos a preocupaciones excesivas o a sensaciones de abatimiento extremo.

Preocuparse en la justa medida y contactar con otros

No obstante, una de las recomendaciones es justamente no negarse a sentir que está ocurriendo algo excepcional y, con toda razón, preocupante. En este sentido, huir a toda costa de la preocupación puede hacer que acumulemos estrés, y que este, a su vez, busque otras vías de escape como el comer de manera compulsiva, punto sobre el que nos detendremos más adelante. Lo que hay que hacer es dar una medida justa a esa preocupación y para ello, existen otras actitudes que apoyan.

La más importante es el contacto social, en la medida en que este es posible. Si vivimos con alguien, hay que procurar momentos de compañía que no pasen solamente por el comer o estar juntos frente al aparato de televisión. Se pueden fomentar la lectura en grupo, los juegos de mesa, los juegos de roles, las visitas virtuales a los museos, entre otras actividades. Esto sacará a la pareja o a la familia de la sensación de confinamiento y servirá para que la persona con dolor crónico se olvide un buen rato de él.

Si se vive solo, conviene abrirse al mundo a través de las nuevas tecnologías, haciendo un uso activo de las mismas. Intercambiar correos electrónicos con seres queridos, participar en grupos o foros, y conectarse a chats o videollamadas con familiares y amigos, mitiga la soledad, ayuda a expresar preocupaciones de forma moderada y suple, en parte, la falta de contacto físico directo.

Información sin saturación y con calidad

En cuanto al uso pasivo de nuestros dispositivos electrónicos y al consumo de información a través de medios de comunicación, conviene establecer una medida diaria. Dedicar unos diez a veinte minutos a navegar por Internet o ver un telediario al día, bien podría ser suficiente para estar al tanto de la situación, sin que se convierta en una obsesión o en el único de nuestros pensamientos.

En todo caso, en nuestro natural afán por informarnos debemos estar alerta frente los mensajes que lo que pretenden es justamente lo contrario. La recomendación aquí es la de buscar los canales oficiales de información y acudir a los medios de comunicación de reconocida trayectoria para estar al tanto de la pandemia y de las medidas adoptadas para combatirla. Muchas de las noticias falsas solo incrementan nuestras preocupaciones y nuestro miedo, y por eso impactan de manera negativa en el bienestar de las personas con dolor crónico.

Relajarse en momentos de brote y no comer de forma compulsiva

Por otra parte, cabe mencionar aquí que muchos pacientes con dolor crónico están familiarizados con la idea de un “brote”, que no es otra cosa que un momento específico, que puede durar horas o días, en el que se agudiza su dolencia. Las circunstancias actuales, bien pueden ser un detonante de brotes generados por emociones negativas, por falta de ejercicio o por ambos.

Frente a esto, una de las técnicas que ha demostrado una mayor eficacia para el control de los brotes de dolor crónico, es la relajación. Bien sea en la forma de una sesión de relajación -con el uso de técnicas disponibles en libros e Internet- o a través de la práctica del yoga, muchos pacientes con dolor crónico han referido encontrar la manera de controlar sus brotes y recuperar su situación anterior.

Ciertas prácticas de yoga tienen la ventaja adicional de incorporar movimientos o posturas con un fuerte componente de terapia física, lo que unido a un estado mental relajado, ataca de raíz los dos focos de origen de los brotes de dolor crónico.

Controlar los brotes sin tener que recurrir al incremento en la ingesta de medicamentos evita la aparición de los desagradables efectos secundarios inherentes a ciertos tratamientos farmacológicos.

Finalmente, existe una recomendación de autocuidado emocional que impacta también sobre el estado físico. Se trata de la situación descrita como el “comer emocional” y que se refiere a lo que ocurre a ciertas personas que, ante el estrés, la depresión o la sensación de encierro, van de manera compulsiva a buscar algo de comer para distraerse.

Aunque comer de manera compulsiva otorga recompensas momentáneas, lo cierto es que estas conductas devienen en peor estado de ánimo y fatiga. Además pueden hacernos subir de peso, con las implicaciones que eso tiene en nuestra salud. En el caso de las personas con dolores crónicos de origen articular, este es un riesgo que deben evitar a toda costa, ya que empeoraría su patología.

En resumen, podemos decir que para sobrellevar en el plano emocional el crítico momento actual, sin que este impacte de manera significativa en el dolor crónico, hay que preocuparse lo justo, informarse bien y con medida, hablar de ello, poner la mente en otras actividades y no buscar sustitutos que canalicen nuestras emociones.

IMPORTANTE
Este blog tiene como objetivo dar a conocer la actividad de la Clínica del Dolor de Madrid al público en general. En ningún momento la información de estas líneas reemplaza el diagnóstico médico o la prescripción de tratamiento que determine el personal sanitario para cada paciente.