El dolor crónico asociado a la fibromialgia

Por fortuna, la enfermedad de la fibromialgia, reconocida como tal desde 1992 por la Organización Mundial de la Salud (OMS), viene ganando visibilidad en los últimos años, en parte gracias al trabajo de unidades especializadas como la Clínica del Dolor de Madrid.

Antes de ello, los pacientes chocaban con numerosas incomprensiones por parte del personal médico, y por miembros de su propio entorno, con respecto a la manifestación de los síntomas que experimentaban y el dolor crónico que padecían. En más de una ocasión, las personas con fibromialgia eran señaladas como hipocondríacas, perezosas o quejicas.

Aunque estos prejuicios no se han superado en su totalidad, y todavía en 2020 los pacientes deben recorrer un largo camino hasta que les es diagnosticada la enfermedad, existe más conciencia con respecto a su existencia y a la viabilidad de que se desarrolle en ciertas personas.

De media, una persona en España puede tardar en torno a los 7 años antes de que se diagnostique su condición de paciente de fibromialgia. Esto debido principalmente a que en la salud pública se le hace pasar por una larga serie de especialistas y de pruebas antes de que el reumatólogo o, en el mejor de los casos, el médico de la unidad del dolor, arroje el diagnóstico acertado.

De acuerdo con cifras de la Sociedad Española de Reumatología, cerca de un millón y medio de españoles padecen de fibromialgia, de los que el 95% son mujeres. Hablamos, por tanto, de una enfermedad mayoritariamente femenina.

¿Cuál es la causa de la fibromialgia?

A día de hoy no se puede decir a ciencia cierta cuál es el origen de la enfermedad. Los estudios más recientes, que se apoyan en las más novedosas técnicas de observación del sistema nervioso central, parecen revelar causas que tienen que ver con la modulación central o periférica del dolor.

Se presume que estas alteraciones están relacionadas con un menor umbral en la detección de estímulos potencialmente dolorosos, así como con un estado de sensibilización e hiper excitabilidad central, acompañado de alteraciones neuroendocrinas.

Por su parte, las ciencias del comportamiento postulan que detrás de la fibromialgia también pueden estar ciertos rasgos de personalidad que influyen en la manifestación clínica de la fibromialgia y en la manera en la que se percibe el dolor.

Relación del dolor crónico y la fibromialgia

Hasta hace relativamente poco, el dolor crónico se unía a la lista de síntomas de la fibromialgia. Tras el reconocimiento del dolor crónico como enfermedad por parte de la OMS en 2008, se le cataloga como enfermedad asociada a la fibromialgia.

Así las cosas, y para mayor claridad, hemos de decir que toda fibromialgia comporta la asociación a dolor crónico en distintos niveles -según el paciente-, pero no todo dolor crónico está asociado a una fibromialgia.

De hecho, el dolor crónico sin causa aparente suele ser uno de los primeros indicios de la presencia de fibromialgia. Adicionalmente, las personas con fibromialgia manifiestan padecer, en términos generales, fatiga constante y falta de concentración mental.

Para determinar que el dolor crónico está relacionado con la fibromialgia y no con otras patologías, se suele utilizar como baremo la presencia de dolor en los llamados puntos gatillo. Se trata de 18 puntos localizados alrededor del cuello, nuca, trapecio, columna dorsal, columna lumbar, codos, cara interna de las rodillas y cara externa de las caderas.

De acuerdo con lo establecido por expertos, si al menos 11 de estos puntos presentan dolor, es un indicio claro para establecer que se está ante un posible paciente con fibromialgia.

Adicionalmente, los pacientes suelen referir que presentan dolor de cabeza crónico.

Los síntomas de la fibromialgia

Hemos mencionado anteriormente que los pacientes con fibromialgia suelen padecer de fatiga. Si está asociada a dolor crónico, conviene que el médico determine que no se trata de otra patología, ya que la presencia de ambos no indica de manera automática que se trate de una fibromialgia.

Por ejemplo, se hace necesario diferenciarla del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), para lo cual los médicos recurren a profundizar en el estudio de los hábitos del paciente. Si este tiene una alta exigencia física en su trabajo o actividades deportivas, o si se ve sometido a grados importantes de desgaste mental en el desarrollo de su vida cotidiana, es posible que esté ante un caso de SFC, que se refiere a fatiga física y mental. Si ninguna de las dos condiciones coincide con la de una persona que manifiesta tener dolor crónico, será mejor contar con la valoración del reumatólogo, especialista que está en capacidad de diagnosticar o descartar si se trata de fibromialgia.

También mencionamos atrás que la fibromialgia se manifiesta con falta de concentración o agilidad mental. Por lo general, este síntoma viene acompañado de sueño no reparador, es decir, la sensación de que, aún después de dormir, el cuerpo necesita más horas de sueño de las habituales.

Algunas personas con fibromialgia comentan que incluso el cansancio severo y la rigidez muscular se hacen más evidentes en horas de la mañana. De hecho, esta sensación de ‘no me puedo levantar’, unida al dolor crónico en al menos 11 de los puntos gatillo, debe alertar a los médicos sobre la posibilidad de que tengan ante sí a un paciente con fibromialgia.

Como consecuencia de estas alteraciones del sueño, la sensación de falta de concentración y de agilidad mental se incrementan. Asimismo, en ocasiones los pacientes presentan dificultades en su memoria.

Tanto la sensación de fatiga, como el sueño no reparador y la pérdida de agilidad mental deben superar los tres meses de duración para ser tenidos en cuenta como síntomas de una fibromialgia.

No se puede dejar de lado que, como consecuencia de las condiciones de dolor crónico, agotamiento y pérdida de agilidad mental, los pacientes suelen presentar cuadros depresivos asociados.

¿Además del dolor crónico y la fatiga, cómo se diagnostica la fibromialgia?

Junto a estos indicios, existen otros que pueden ser corroborados mediante pruebas especializadas. Por ejemplo, una tomografía ocular puede revelar un adelgazamiento de la capa de fibras nerviosas del ojo. Esto puede estar relacionado con alteraciones del sistema nervioso central, que es el que se ve comprometido de manera directa en nuestra percepción del dolor.

En ocasiones se puede aplicar el llamado test del pulgar como una manera para confirmar o descartar la presencia de fibromialgia. Consiste en la aplicación de ciertos estímulos sobre el dedo pulgar de una de las manos, tales como presión, calor y frío, y pinzamiento durante un minuto. La reacción del paciente puede ayudar a determinar tanto la presencia de fibromialgia como su grado.

Por su parte, la Universidad de Granada desarrolló hacia 2009 un método complementario de diagnóstico basado en el estudio de los parámetros de locomoción del paciente, es decir en la observación de la forma en que la persona camina. En efecto, la velocidad de la locomoción, la longitud de sus pasos, la presión del pie sobre el suelo y el tiempo en el que el paciente puede permanecer apoyado sobre un solo pie, son reveladores de la presencia de la enfermedad.

¿Se puede tratar la fibromialgia?

Dado que su origen es aún materia de estudio, las técnicas que se aplican para tratar la fibromialgia se concentran en paliar sus manifestaciones para aportar una mayor calidad de vida al paciente.

En este sentido, son unidades especializadas como la Clínica del Dolor de Madrid las que reúnen las mejores condiciones para tratar a estos pacientes. Esto debido a que el abordaje de la fibromialgia debe hacerse desde distintos frentes, lo cual es propio de un equipo sanitario multidisciplinar.

Por un lado, tras las pruebas diagnósticas necesarias, se determina la mejor terapia farmacológica posible, teniendo en cuenta las variables de intensidad y localización del dolor, así como la edad, sexo y tiempo que lleva el paciente con los síntomas y el dolor crónico asociado. Algunos pacientes reaccionan de manera muy positiva a los anticonvulsivos, y en otros es necesario complementar la farmacología con antidepresivos, para mejorar el estado de ánimo.

De hecho, la terapia psicológica suele ser un factor determinante del tratamiento, en cuanto que apoya al paciente en su manera de afrontar el dolor y sus consecuencias. No hay que olvidar un aspecto de la enfermedad que no hemos mencionado hasta ahora y es su carácter cíclico. Al igual que la migraña, los síntomas de la fibromialgia se presentan en forma de ‘brotes’, y resulta de mucha utilidad para los pacientes estar atentos a la proximidad de los mismos y afrontarlos con la farmacología y la actitud más convenientes para disminuir su impacto en la vida cotidiana.

Bajo la supervisión de un fisioterapeuta, el paciente con fibromialgia también puede mejorar su calidad de vida con la adopción de rutinas de ejercicios y la práctica moderada y supervisada de algunos deportes.

IMPORTANTE
Este blog tiene como objetivo dar a conocer la actividad de la Clínica del Dolor de Madrid al público en general. En ningún momento la información de estas líneas reemplaza el diagnóstico médico o la prescripción de tratamiento que determine el personal sanitario para cada paciente.