El dolor crónico puede aumentar con el frío

Durante la época fría del año, correspondiente al otoño-invierno, resulta frecuente que las personas que acuden a la Clínica del Dolor de Madrid en busca de alivio a los malestares propios del dolor crónico, manifiesten que la llegada de las bajas temperaturas ha aumentado los episodios y la intensidad de sus molestias.

Los hay quienes afirman que les duelen más las rodillas o alguna otra articulación, o que incluso pueden ‘pronosticar’ la proximidad de una tormenta o de una borrasca, en virtud de los cambios de sensibilidad o el aumento del dolor en determinadas partes de su cuerpo. Pues lo cierto es que no sólo algunos dolores se hacen más frecuentes e intensos en esta época del año, sino que esta capacidad del cuerpo para reaccionar frente a los cambios del tiempo atmosférico tiene un nombre específico: meteorosensibilidad.

Se cree que un 30% de la población mundial se ve afectada por los cambios de temperatura, presión o humedad, es decir que son meteorosensibles.

El frío y otras causas de aumento del dolor

¿Existe alguna explicación para que el dolor aumente con el frío? Sí , y en algunos casos no es el frío el culpable directo del malestar sino que son los cambios en la presión atmosférica y en la humedad, durante los meses fríos, los que provocan alteraciones en nuestro cuerpo.

Por ejemplo, en los días de invierno la presión atmosférica disminuye y provoca que el líquido sinovial de nuestras articulaciones se expanda. Esto puede ser causa de inflamaciones y rigidez en las articulaciones, lo que conlleva molestias dolorosas. Esto ocurre con especial frecuencia en personas que padecen enfermedades como la artritis reumatoide, la artrosis y la fibromialgia.

De hecho, algunas personas experimentan una mejoría en los síntomas de la artritis cuando fijan su residencia en zonas cálidas y secas, en las que la presión atmosférica es más alta.

Estudios realizados en cuerpos sin vida demostraron que al igualar de manera artificial la presión de la cadera, la articulación sufría una dislocación cercana a unos 8 milímetros con respecto a la posición normal.

El frío y el estrechamiento de los vasos sanguíneos

Por otra parte, conviene tener en cuenta la afectación que el frío tiene sobre el sistema circulatorio y que puede reflejarse en la respuesta dolorosa de las articulaciones. Los especialistas en reumatología reconocen que el frío es vasoconstrictor, esto es, que genera un estrechamiento de los vasos sanguíneos que a su vez afecta el paso de la sangre.

Al disminuir la irrigación sanguínea en los músculos asociados a la articulación, aumenta el dolor y se pierde movilidad en la misma. El resultado es entumecimiento y aumento del dolor crónico.

Adicionalmente, y como resulta natural, en los días de frío los músculos están más contraídos. Las bajas temperaturas afectan también la elasticidad de ligamentos y tendones. Todo lo anterior, puede llegar a generar una presión adicional en las articulaciones, que se convierte en dolorosa en personas con patologías asociadas a inflamaciones o lesiones articulares.

También pueden darse casos de aumento de dolores musculares propiamente dichos generados por la reacción del cuerpo humano al frío. Esto se presenta, por ejemplo, en pacientes con dolor crónico generado por síndrome miofascial.

En el síndrome de dolor miofascial, la presión en ciertos puntos sensibles en los músculos provoca dolor en partes del cuerpo que parecieran no estar relacionadas. Pueden aparecer en los casos en que se presentan lesiones repetidas o uso excesivo de un músculo por actividades reiteradas.

Al aumentar la tensión muscular a causa del frío, las molestias dolorosas del síndrome miofascial se hacen más agudas.

Por otra parte, algunas investigaciones indican que el síndrome de dolor miofascial puede evolucionar en fibromialgia, que es una enfermedad caracterizada por dolor generalizado.

El frío y la fibromialgia

De hecho, uno de los síntomas más referidos por las personas que padecen fibromialgia es la hipersensibilidad a las temperaturas extremas.

Mientras, en términos generales, el calor incrementa en estos pacientes la sensación de fatiga o cansancio extremo, el frío viene acompañado de aumento en el dolor muscular que tiende a empeorar cuando se acompaña con humedad.

El frío y las migrañas

Un estudio llevado a cabo en Estados Unidos con pacientes que sufrían de migrañas demostró que el 50% de los episodios que se daban coincidían con los cambios de tiempo atmosférico.

Algunos eran más vulnerables al calor y a la humedad y en otros casos se agravaba el dolor con la llegada del invierno y el frío.

El frío y el estado de ánimo

Para nadie es un secreto que la llegada de los meses invernales afecta el estado de ánimo de las personas. Esto ocurre por cuestiones que están íntimamente ligadas a las emociones que se ven afectadas por la disminución de las horas de sol en relación con las de oscuridad y por la menor cantidad de tiempo que pasamos en actividades al aire libre.

De hecho esta reacción emocional, se ha documentado en algunos estudios como Trastorno Afectivo Estacional, si bien es cierto que afecta a las personas con muy distinta intensidad.

Lo cierto es que las personas con dolor crónico sí que son más vulnerables a padecer este declive emocional en el invierno, precisamente porque sus dolores tienden a empeorar. Esto los lleva a estar más propensos a emociones depresivas, lo que, como ya está demostrado, disminuye su tolerancia la dolor.

Así las cosas, estas personas entran en un bucle del dolor: hace frío, luego siento más dolor, por lo que me siento más triste y esto me hace que mi dolor sea mayor.

¿Se puede hacer algo para aliviar el dolor asociado al frío?

Por supuesto. En los centros especializados como la Clínica del Dolor de Madrid se ofrece a los pacientes un diagnóstico y unos tratamientos dirigidos por un equipo multidisciplinar.

De esta manera, el dolor asociado al frío puede ser abordado desde distintos frentes. En algunos casos, se recetan tratamientos farmacológicos que contrarrestan la inflamación de las articulaciones.

Este tipo de dolores que empeoran con el frío también puede ser abordado con técnicas percutáneas (medicamentos o estímulos que se administran a través de la piel) con las que se trabaja directamente sobre la articulación que transmite el dolor desde ella.

Otros casos quizá necesiten refuerzo de las áreas de psicología o fisioterapia para disminuir la influencia del frío en el dolor crónico. No hay que olvidar que junto al impacto emocional del frío, también este puede conllevar un cambio en el nivel de actividad física del paciente, dado que los meses invernales son menos atractivos para los paseos y el deporte, lo que incide en la salud de músculos y articulaciones.

IMPORTANTE
Este blog tiene como objetivo dar a conocer la actividad de la Clínica del Dolor de Madrid al público en general. En ningún momento la información de estas líneas reemplaza el diagnóstico médico o la prescripción de tratamiento que determine el personal sanitario para cada paciente.