El dolor oncológico: una realidad con múltiples caras

La experiencia de la Clínica del Dolor de Madrid con pacientes con cáncer, ha corroborado una situación que ya era ampliamente conocida por la comunidad médica. Además del evidente riesgo para sus vidas, otro de los grandes temores de las personas que son diagnosticadas con cáncer es la intensidad del dolor y el sufrimiento que puedan llegar a experimentar por el avance de la enfermedad.

Ante esta gran preocupación no hay una respuesta única, pues la presencia del dolor dentro de un proceso oncológico es variable y depende del tipo y de la extensión de la enfermedad, así como de la tolerancia de cada persona al dolor.

Se ha calculado que en el momento del diagnóstico del cáncer, entre el 30 y el 50% de los pacientes presentan algún dolor en intensidad variable, mientras que en las fases avanzadas puede llegar al 70 y 90%.

Estos porcentajes tan elevados han motivado al programa mundial del cáncer de la OMS a insistir para que el dolor y los cuidados paliativos se conviertan en prioridades dentro del tratamiento médico y hospitalario de los pacientes oncológicos a nivel mundial.

En medio de este panorama también hay otro dato alentador. Se estima que entre el 80 y el 90% de los casos de dolor oncológico puede ser eliminado o controlado con un tratamiento acertado. Buena parte de esta responsabilidad reposa en los profesionales de las unidades oncológicas, ya que deben estar alerta para que, tanto los procedimientos de diagnóstico como los tratamientos, no sumen más dolor al paciente, sobre todo aquel dolor de corta duración, también conocido como agudo.

No obstante, el desarrollo mismo de la enfermedad y los efectos secundarios de algunos tratamientos suelen generar dolores de larga duración (más de 3 a 6 meses), que son aquellos que se empiezan a considerar como crónicos. Aquí es donde juega un papel preponderante la atención que se brinda en unidades especializadas como la Clínica del Dolor de Madrid.

¿Por qué se produce el dolor oncológico?

Se pueden agrupar en tres las principales causas del dolor oncológico:

Por la enfermedad misma

El cáncer por sí mismo es responsable del 70% de los casos de dolor oncológico. Cuando se desarrolla el tejido tumoral puede invadir estructuras óseas, vasculares o nerviosas, puede causar obstrucción intestinal o puede infiltrar vísceras huecas, y, por lo tanto, generar sensaciones de dolor de distintas intensidades.

Por los procedimientos diagnósticos y terapéuticos

Las pruebas diagnósticas para detectar el cáncer y los tratamientos contra el mismo están en la raíz del 20% de los casos de dolor oncológico.

La mayor parte de dolores asociados a procedimientos diagnósticos del cáncer, como punciones o biopsias, son de carácter agudo, es decir que desaparecen en un plazo inferior a los tres meses.

Por su parte, los procedimientos terapéuticos suelen ser causa de dolores agudos que en algunos casos llegan a cronificarse. Entre los que más se destacan están las intervenciones quirúrgicas (que entran en otra clasificación del dolor: el posquirúrgico), la quimioterapia (que puede generar, en unos casos, inflamación en la mucosa gastrointestinal, y en otros puede ser causa de neurotoxicidad, es decir, de efectos secundarios sobre el sistema nervioso) y la radioterapia (por complicaciones asociadas a la propia radiación, tales como daño en el revestimiento de los intestinos, inflamación de la vejiga o muerte de tejido óseo).

Por síndromes relacionados con el cáncer

Se les conoce como síndromes paraneoplásicos y se trata de síntomas inusuales asociados al cáncer, generados por la circulación -en el torrente sanguíneo- de hormonas producidas por el tumor o de anticuerpos segregados por el sistema inmunitario. Causan en torno al 10% de los casos de dolor oncológico. Se manifiestan en la piel, el sistema nervioso, el sistema endocrino, los músculos, la sangre o los huesos.

¿Qué tipos de dolor oncológico existen?

Existen al menos tres formas de clasificar el dolor oncológico:

Por su intensidad

Debido a que es una medida subjetiva, es decir, sólo quien lo padece sabe a ciencia cierta a qué intensidad de dolor se enfrenta, se suele medir en una escala en la que se pregunta al paciente, frente a una línea recta, dónde ubica la intensidad del dolor que siente. Posteriormente se le asigna una numeración del 1 al 10 y así comprendemos que el dolor leve va de 0 a 3, el moderado de 4 a 6 y el intenso de 7 a 10.

Un estudio realizado con pacientes con cáncer determinó que el 32% asegura haber sentido dolor severo durante el curso de la enfermedad, 24% padeció dolor moderado y el 27% tuvo dolor leve. El 15% restante manifestó no haber sentido nunca dolor.

Por su duración

Ya hemos mencionado que el dolor agudo es el que no supera los 3 meses de duración, mientras el crónico es el que va más allá de los 3 a 6 meses. Por lo general el agudo es fácilmente identificable en cuanto a sus causas y síntomas, mientras que el dolor oncológico crónico tiende a ocultar sus signos objetivos, por lo que su control requiere distintos enfoques de tratamiento.

Por sus características

Según la forma en que se presentan en el paciente, los dolores oncológicos pueden ser:

  • Viscerales: Que incluye aquellos que se presentan por daños o presión en las vísceras. Se trata por lo general de dolores constantes y con una localización difusa.
  • Somáticos: Al contrario de los anteriores cuentan con una localización precisa en la piel, los músculos o los huesos. Casi siempre se presentan en forma de dolor constante e intenso.
  • Neuropáticos: Son dolores que por tener origen en una lesión del sistema nervioso se presentan en forma de calambre, quemazón, hormigueo o tirantez.
  • Incidentales: Que suelen estar asociados a un movimiento concreto y se caracterizan por su alta intensidad.
  • · Impredecibles: Como indica su nombre, aparecen en cualquier momento sin causa aparente conocida y con duración variable.

¿Cómo ayudar al médico a comprender el dolor oncológico?

Toda información que recopile el paciente en torno al dolor que padece es importante para determinar su causa y tipología, lo que a la larga redunda en la administración de un tratamiento eficaz.

Se aconseja que un paciente lleve su propio registro para poderlo compartir con los profesionales que le van a ayudar a mitigar los efectos dolorosos de su padecimiento oncológico. Los datos que se sugiere que apunte son los siguientes:

  • Intensidad del dolor (en una escala del 1 al 10)
  • Descripción del dolor (punzante, quemante, “eléctrico”, esporádico, constante)
  • Lugar donde se siente el dolor
  • Desencadenante del dolor
  • Factores que empeoran o alivian el dolor (movimientos, posturas, reposo, condiciones de temperatura, toma de medicamentos , masajes, compresas frías o calientes, etc.)

¿Cuáles son los tratamientos para el dolor oncológico?

En la Clínica del Dolor de Madrid abordamos la complejidad del dolor oncológico apoyados en nuestra gran experiencia y con la aplicación de tratamientos que incluyen analgésicos potentes y técnicas intervencionistas, que son aquellas mediante las cuales es posible localizar y tratar las áreas que causan el dolor de manera directa y precisa.

La decisión sobre la técnica intervencionista que se aplica al tratamiento de un paciente depende de factores como el tipo de cáncer que padece o ha padecido, la esperanza de vida, su condición física, entre otros. Las técnicas que ofrecemos en la Clínica del Dolor de Madrid son:

  • Administración epidural e intratecal de análgésicos.
  • Bloqueo de plexo celiaco, para pacientes de cáncer de estomago y de páncreas.
  • Bloqueo de los nervios esplácnicos, para casos de cáncer de páncreas.
  • Bloqueo del plexo hipogástrico.
  • Bloqueo caudales del plexo coccígeo, del nervio pudendo y del ganglio impar.

En futuras entregas de este blog entraremos a describir cada uno de ellos.

IMPORTANTE
Este blog tiene como objetivo dar a conocer la actividad de la Clínica del Dolor de Madrid al público en general. En ningún momento la información de estas líneas reemplaza el diagnóstico médico o la prescripción de tratamiento que determine el personal sanitario para cada paciente.