El calor y su relación con el dolor crónico

En una entrada anterior de este blog de la Clínica del Dolor de Madrid, hicimos referencia a las circunstancias por las cuales el dolor crónico puede aumentar con el frío. En aquella oportunidad dimos a conocer que el dolor asociado a patologías articulares, a la fibromialgia o a ciertos tipos de migraña pueden estar relacionados con una mayor sensación de dolor en pacientes que lo padecen de forma crónica.

Pero, ¿también es posible que se presente un incremento del dolor crónico cuando llega la época estival? Veamos a continuación algunas de las causas que hacen que así sea.

Aumento de temperaturas, mayor humedad y deshidratación

Estas condiciones pueden afectar de manera directa a algunas personas con fibromialgia. No se trata de una reacción generalizada, dado que hay pacientes con fibromialgia que presentan alta sensibilidad al frío, otros tienden a sentir de manera exagerada el calor, y los hay también que oscilan entre las dos tendencias, incluso a lo largo de un mismo día.

Lo que está claro es que la fibromialgia se lleva muy mal con las temperaturas extremas. Ocurre porque esta patología afecta la homeostasis, que es la capacidad de los organismos para mantener una condición interna estable, compensando los cambios que se presentan en el entorno. Así las cosas, las personas con fibromialgia con hipersensibilidad al calor no pueden adaptarse a él y ven agravados sus síntomas, incluido el dolor, en presencia de las altas temperaturas.

Si además de calor se presenta una humedad superior a la normal, el cuerpo del paciente con fibromialgia ve doblemente afectada su homeostasis, lo que aumenta síntomas como su dolor crónico.

En otros casos también se da la circunstancia de que una mayor deshidratación, consecuencia del aumento de la sudoración como mecanismo regulador del calor, tiene efectos negativos sobre dolores crónicos con origen en los tejidos blandos, que son los primeros en acusar el descenso en el nivel normal de agua en el cuerpo.

Menor movilidad por cansancio y apatía

Una gran mayoría de las personas experimentan estas sensaciones con la llegada de la temporada cálida. Se acentúa cuando empiezan a subir los termómetros tras el invierno o una primavera fría, y vuelve a presentarse en los días más cálidos, generalmente en los que se acercan o sobrepasan la temperatura promedio del cuerpo humano.

Tanto la sensación de cansancio como la apatía juegan un papel importante en la menor movilidad de las personas. De allí que tenga relación con el aumento de las sensaciones dolorosas, especialmente las que se presentan en personas con dolor crónico musculoesquelético.

En efecto, pacientes con dolores articulares debidos a enfermedades degenerativas o inflamatorias, y aquellos con patologías de tejidos blandos, a quienes se les recomienda la práctica de ejercicio físico adaptado a su condición, ven incrementarse el dolor crónico debido a que reducen tanto la práctica de sus ejercicios de rehabilitación, como su actividad cotidiana.

Alteraciones en el sueño

Otro de los conocidos efectos de las altas temperaturas en las personas es que les impide conciliar el sueño de manera satisfactoria. Esto ocurre porque el calor afecta el funcionamiento del hipotálamo, responsable del control de la temperatura corporal. Como consecuencia, la regulación y la calidad del sueño se ven comprometidas.

Prácticamente cualquier tipo de dolor crónico se ve afectado por la mala calidad del sueño, aunque es cierto que los efectos de esta circunstancia son más visibles en cefaleas crónicas y en algunos pacientes que padecen migrañas.

Algunas recomendaciones

De acuerdo con lo anterior, las recomendaciones generales para que el calor tenga un menor impacto en el dolor crónico consisten en huir de las temperaturas extremas, incrementar la hidratación por vía oral, llevar a cabo las terapias de rehabilitación (si es el caso), mantener el nivel de actividad física normal, y procurarse las condiciones para una buena calidad del sueño.

Hay que precisar que, en cuanto a la recomendación de huir de las temperaturas extremas, se debe tener precaución con los aires acondicionados excesivamente fríos, ya que pueden ocasionar contracturas cervicales y generar así un nuevo foco de dolor. En otros casos, pueden desencadenar el incremento del dolor crónico relacionado con el frío.

Así las cosas, conviene atender a la recomendación de los organismos oficiales en el sentido de mantener el aire acondicionado entre los 24 y los 26°C.

IMPORTANTE
Este blog tiene como objetivo dar a conocer la actividad de la Clínica del Dolor de Madrid al público en general. En ningún momento la información de estas líneas reemplaza el diagnóstico médico o la prescripción de tratamiento que determine el personal sanitario para cada paciente.