El dolor crónico de la rodilla de corredor

Con la relajación paulatina de las restricciones de movilidad que trajo consigo la pandemia, muchas personas han decidido reanudar su actividad deportiva habitual. Otras, estimuladas por el aumento de peso que les produjo el excesivo sedentarismo, se han visto animadas a trotar o correr a diario con el fin de perder algunos kilos. En algunos casos, como hemos comprobado en la Clínica del Dolor de Madrid, estas actividades no han sido asumidas con la correspondiente progresividad que requieren. De allí que algunas lesiones y molestias físicas no bien tratadas puedan convertirse en causa de dolor crónico. Es lo que sucede con algunas personas que padecen del síndrome de dolor patelofemoral, también conocido como “rodilla de corredor”.

La rodilla es una estructura articular compleja que se ve sometida a una gran exigencia. En el caso del ser humano, al tratarse de un ser bípedo, la rodilla desempeña un papel fundamental en la locomoción y ciertas condiciones de sobrecarga pueden generar condiciones de dolor que, si no se tratan a tiempo, pueden cronificarse.

¿Qué es la rodilla de corredor?

Con este nombre se conoce de manera popular a la condición médica identificada como síndrome de dolor patelofemoral. Este se manifiesta en la parte anterior de la rodilla y en torno a la rótula. Además del dolor puede generar rigidez, lo que dificulta en quien lo padece actividades cotidianas como arrodillarse, subir escaleras o ponerse en cuclillas. Normalmente se presenta como dolor sordo agudo, pero si no es tratado a tiempo y sobrepasa los tres meses de duración, se le considera crónico. Al dolor puede acompañarle también crujidos en la rodilla y sensación de encasquillamiento.

Se le llama “rodilla de corredor” porque es común entre personas que practican deportes. Suele afectar en mayor medida a las mujeres y la mayoría de los casos se produce en personas jóvenes. No obstante, también puede ocurrir en personas que no realizan ninguna actividad deportiva, pero que, bajo ciertas circunstancias, sobrecargan la articulación con algún movimiento repetitivo.

En cuanto a su denominación médica, la palabra patelofemoral alude a dos de las estructuras óseas que hacen parte de la rodilla: la patela o rótula y el fémur, en cuyo punto de encuentro se produce este dolor.

¿Qué causa la rodilla de corredor?

Las causas del síndrome de dolor patelofemoral pueden agruparse en dos.

Uso excesivo
La sobrecarga de la estructura articular que conforma la rodilla puede deberse a movimientos repetitivos y de alto impacto como trotar, correr, hacer sentadillas o subir escaleras. Otras actividades deportivas como el ciclismo o el esquí también pueden ser factores de riesgo para este padecimiento.

Por lo general surge en personas que de repente inician una actividad constante, bien por afición, bien por exigencia laboral, pero que no cuentan con el acondicionamiento previo o la destreza técnica para el nivel de estrés al que van a someter a las rodillas. También en aquellas que incrementan de manera súbita e intensa la frecuencia o la distancia habituales en su práctica deportiva.

En estos casos suele ocurrir que los músculos y tendones que se ven comprometidos en los movimientos de las piernas no están en su nivel óptimo de desarrollo y por tanto la fuerza y las tensiones propias del movimiento terminan siendo absorbidas de manera excesiva por la articulación.

Desalineación rotuliana
En otros casos, una anomalía congénita u otra de carácter subyacente a un traumatismo pueden generar una alineación anormal de la rótula en el llamado surco troclear, que es la hendidura situada en la parte superior del fémur sobre la que se mueve hacia atrás y hacia adelante la rótula en los momentos de flexión y extensión.

Ocurre entonces que la rótula se ve desplazada de manera anormal hacia un lado del surco durante la flexión, lo que termina por irritar los tejidos blandos que la separan del fémur.

Puede darse también un origen mixto, es decir, que un uso excesivo sin el debido acondicionamiento termine por generar la desalineación causante del dolor.

En todos los casos, lo que ocurre en la rodilla para que se produzca el dolor es que la degradación del cartílago articular genera una exposición del hueso que irrita tanto el tejido sinovial que recubre la articulación como el hueso subyacente.

¿Cuál es el tratamiento para la rodilla de corredor?

Lo primero que se recomienda al paciente es suspender la actividad física que genera el síndrome. Puede suplirla por otra de menor impacto como caminar (si el dolor no es muy intenso) o nadar. Aquellos que además están motivados por una reducción de peso, deben saber que esta también contribuye a una menor presión en las rodillas. Por tanto pueden recurrir tanto a las mencionadas actividades de menor impacto como a hábitos de alimentación sana y equilibrada que faciliten la pérdida de peso corporal.

Los tratamientos farmacológicos van encaminados a la reducción de la inflamación, por lo que suelen recetarse antiinflamatorios no esteroideos. Algunos casos responden bien a las infiltraciones con corticoesteroides, aunque es cierto que esto se reserva para los casos crónicos más avanzados.

En otras ocasiones se recomienda recurrir a la crioterapia (aplicación controlada de compresas frías) así como a tratamientos con TENS (corriente eléctrica a través de la piel).

Una parte central del tratamiento de la rodilla de corredor es la fisioterapia. Se trata de movimientos controlados que mejoran el rango de movimiento, la fuerza y la resistencia en la articulación de manera paulatina. A la par con ellos se trabaja en el fortalecimiento tanto de los cuádriceps (músculos muy comprometidos en la estabilización de la rótula) como en dar mayor fuerza a los músculos del abdomen y la espalda inferior, incluidos los glúteos.

Finalmente, algunas ayudas ortopédicas como plantillas de estabilización del pie o vendas de compresión en las rodillas pueden contribuir a potenciar el éxito de los tratamientos.

¿Cómo prevenir la rodilla de corredor?

Informarse debidamente antes de iniciar una práctica deportiva o evitar cambios bruscos en la rutina de deporte habitual son fundamentales para prevenir que se desarrolle este síndrome doloroso. A la par con ello conviene:

  • Usar calzado adecuado para la actividad deportiva.
  • Hacer ejercicios de fortalecimiento de abdominales, abductores de las caderas, glúteos y cuádriceps, músculos que resultan claves para el equilibrio del tren inferior.
  • Realizar las rutinas de calentamiento previo y estiramientos posteriores a los entrenamientos de acuerdo con el deporte que se practique.
  • Mantener un peso corporal adecuado para evitar las sobrecargas.

IMPORTANTE
Este blog tiene como objetivo dar a conocer la actividad de la Clínica del Dolor de Madrid al público en general. En ningún momento la información de estas líneas reemplaza el diagnóstico médico o la prescripción de tratamiento que determine el personal sanitario para cada paciente.