El dolor crónico en niños y adolescentes

Con frecuencia se asume que el dolor crónico es un síntoma que afecta de manera exclusiva a los adultos o que lo padecen solo las personas mayores. La realidad muestra que esto no es cierto. Por un lado, el dolor crónico ya no es considerado por la medicina como un síntoma, sino que es tratado como una enfermedad. Por otra parte, aunque es verdad que en el aspecto estadístico el dolor crónico afecta en mayor medida a las personas mayores, también puede presentarse en personas jóvenes e incluso en niños.

De esta manera, cada vez se presta más importancia a la presencia del dolor crónico no oncológico en niños y adolescentes, ya que la edad sí que marca algunas diferencias en su abordaje clínico.

Como rasgo común, la definición del dolor crónico en las edades tempranas del ser humano es igual a la que se considera para los adultos. Todo dolor continuo, o que aparece y desaparece durante al menos cinco días a la semana, por un plazo que supere los 3 meses, conduce a un diagnóstico de dolor crónico, independientemente de la edad del paciente

¿Cómo se detecta el dolor crónico en niños y adolescentes?

De acuerdo con la definición anterior, mediada por la frecuencia y la duración del dolor en el tiempo, se debe descartar que su origen se encuentre en alguna enfermedad en la que el dolor sea un síntoma característico (como el cáncer), o confirmar que el dolor causado por una lesión accidental o quirúrgica haya superado el límite de recuperación normal.

En el caso de los bebés se aprecia por la persistencia del llanto y algunos gestos muy marcados de incomodidad constante. Con los niños y los adolescentes se puede interactuar con ellos para que califiquen la magnitud del dolor en escalas adaptadas a la edad, y llevar un control sobre la frecuencia e intensidad referidas por el menor. Lo anterior con el fin de aportar la mayor cantidad posible de datos al pediatra y demás especialistas.

En niños y adolescentes también se debe tener en cuenta su comportamiento. La menor disposición al juego, a la práctica deportiva, el retraimiento social o las ausencias escolares debidas al dolor, deben ser vistos como señales de alarma con respecto a la posible presencia de un dolor crónico.

Factores de riesgo de dolor crónico en niños y adolescentes

Dado que el dolor es un fenómeno multidimensional, en el que los componentes sensoriales están interrelacionados con los aspectos fisiológicos, cognitivos, afectivos y conductuales, la investigación médica ha logrado establecer algunos factores de riesgo para el dolor crónico en los menores de edad.

Los más relevantes son el estrés psicosocial, el fracaso escolar, el abuso infantil, el abandono, las situaciones de divorcio de los padres o la muerte de alguno de ellos.

A su vez, estos factores pueden desencadenar otros que aumentan las posibilidades de padecer dolor crónico. Entre los principales se encuentran el aislamiento social (entendido como introspección excesiva), la falta de actividad física suficiente, alteraciones del sueño en calidad y cantidad, y percepción de pérdida en la calidad de vida.

Consecuencias del dolor crónico en niños y adolescentes

Una de las consecuencias más visibles del dolor crónico vivido a edad temprana es la discapacidad funcional. El niño o adolescente con dolor crónico tiene más dificultades para llevar una vida acorde con las actividades lúdicas, sociales y escolares que son propias de su edad.

En el plano del desarrollo personal y de la salud mental, durante la primera infancia y hasta la edad preescolar, la presencia de dolor crónico se asocia con una mayor disposición a la ira, a la tensión y a una mayor sensibilidad al dolor. En la etapa escolar y en la adolescencia, las reacciones frente al dolor crónico tienden más hacia la depresión y los trastornos de ansiedad.

Otro de los aspectos que suele verse afectado por el dolor crónico en el menor de edad de manera notable es el social. La interacción con sus pares suele deteriorarse, bien por el aislamiento personal o por la incomprensión de los miembros de su grupo de amigos e incluso de sus hermanos. En la relación con los padres pueden presentarse extremos que van desde la sobreprotección (motivada por sentimientos de culpa o responsabilidad del progenitor) hasta la incredulidad sobre la existencia del dolor.

Tratamiento del dolor crónico en niños y adolescentes

Como en el tratamiento de los adultos, el del dolor crónico en estos grupos de edad pasa en primer término por un abordaje farmacológico. No obstante, debido a que hay consideraciones muy especiales en cuanto al uso de ciertas sustancias restringidas para esta población, el tratamiento se apoya siempre con intervenciones psicológicas y de actividad física. En las Unidades de Dolor también se puede valorar la posibilidad de emplear técnicas mínimamente intervencionistas.

En el plano psicológico, la terapia cognitivo-conductual (TCC), a través de la cual se trabaja en cambiar la forma en la que los pacientes piensan y se comportan con respeto a un fenómeno en particular (el dolor, en este caso), ha dado muy buenos resultados para fomentar la resiliencia de niños y jóvenes frente al dolor crónico.

De igual manera, algunos pacientes pueden reaccionar de manera positiva a la terapia de aceptación y compromiso (ACT), mediante la cual se hacen conscientes de la realidad de su padecimiento, lo aceptan y se comprometen con metas específicas como tener espacios de relajación, interactuar más y mejor con los demás o practicar algún deporte.

Finalmente, y debido a que el dolor puede inhibir a niños y adolescentes a mantener una actividad física acorde con su edad, esta condición empieza a tener impactos negativos sobre la fuerza muscular y la forma física en general, lo que repercute en el dolor mismo. De allí que a la par con las terapias psicológicas, se anime al menor desde la fisioterapia a realizar movimientos suaves y progresivamente exigentes que le ayuden a mejorar su percepción sobre el dolor y a evitar tensiones y entumecimientos.

IMPORTANTE
Este blog tiene como objetivo dar a conocer la actividad de la Clínica del Dolor de Madrid al público en general. En ningún momento la información de estas líneas reemplaza el diagnóstico médico o la prescripción de tratamiento que determine el personal sanitario para cada paciente.