La vitamina D y el dolor crónico

¿Puede una vitamina estar relacionada con una mayor o menor propensión al dolor crónico en los seres humanos? Recientes estudios demuestran que esto se cumple para el caso de la vitamina D, que es, paradójicamente, una de las más deficitarias en buena parte de la población mundial.

En esta entrada, la doctora Romana Wojcikiewicz, médica de la Clínica del Dolor de Madrid, y especialista en Tratamiento Farmacológico del Dolor Crónico Oncológico y No Oncológico, y en Patología Osteomuscular, nos habla de la relación entre la vitamina D y el dolor crónico.

Importancia de la vitamina D para el dolor crónico

La vitamina D es fundamental para el desarrollo de diversas funciones del cuerpo humano, y entre ellas hay cuatro que tienen una estrecha relación con el dolor crónico:

  • Participa en la regulación del sistema inmunitario
  • Tiene efectos antiinflamatorios
  • Interviene en los mecanismos reguladores del sueño
  • Mejora la fijación de calcio en los huesos

Al respecto, la doctora Wojcikiewicz subraya que la vitamina D “tiene un efecto inmunomodulador y antiinflamatorio, y esa es la razón por la que es tan importante para nuestros pacientes con dolor crónico”.

Y es que en gran parte de los casos estudiados de manera reciente, la deficiencia de vitamina D se manifiesta como dolor musculoesquelético crónico o como dolor óseo generalizado.

Estos resultados han llevado a los científicos a buscar evidencias, de acuerdo con cada tipo de dolor. Por ejemplo, se observa que unos niveles adecuados en sangre de vitamina D disminuyen la liberación de citoquinas inflamatorias en los casos de artritis, mientras que en el dolor musculoesquelético el efecto analgésico parece relacionarse con la capacidad de la vitamina para disminuir la sensibilidad de las fibras nerviosas en los músculos.

¿Cómo obtener la vitamina D para combatir el dolor crónico?

Lo primero que hay que tener en cuenta es que la vitamina D se encuentra presente en una cantidad limitada de alimentos naturales (pescado azul y yemas de huevo), mientras que otros procesados como cereales, lácteos y zumos de naranja solo están enriquecidos con ella.

Sin embargo, los niveles insuficientes de vitamina D son una realidad generalizada en más de la mitad de la población y en todos los grupos de edad. En España se presenta una deficiencia similar a la de la media mundial, y se incrementa en personas con sobrepeso y en ámbitos de pobreza.

Esto ocurre porque a la escasez de alimentos que contienen la vitamina D de forma natural y a la falta de acceso de algunos sectores de la población a los que la incluyen como componente enriquecido, hay que sumar que la sola ingesta no garantiza una presencia importante de la vitamina en el organismo. Hace falta una exposición moderada al sol para que sea activada por el ser humano. “El sol no produce la vitamina D, como muchas personas creen. Lo que hace la exposición solar es activar esta vitamina que circula en nuestra sangre”, aclara la doctora Wojcikiewicz.

De esta manera, cuando tomamos el sol y activamos la vitamina D, el cuerpo está en mejor capacidad para cumplir funciones como la fijación del calcio en el sistema óseo y la mineralización de los huesos y dientes.

En cuanto a la intensidad de esta exposición, la doctora Romana recomienda que para los pacientes con dolor crónico es suficiente con recibir el sol en unos 10 cm2 de piel, es decir, no más que lo que corresponde a nuestro rostro o los brazos. Sobre el tiempo, estima que 10 minutos son suficientes para obtener los efectos beneficiosos. Wojcikiewicz aconseja que se haga en las primeras horas de la mañana, y advierte que “exponerse en las horas centrales no aporta ningún beneficio extra e incluso puede producir cáncer de piel”.

“Los días luminosos, agrega la especialista, mejoran nuestro estado de ánimo, fortalecen nuestros huesos y el sistema inmunológico y sobre todo, pueden modular y mejorar el dolor. Aunque hay que tener en cuenta que en los días nublados sigue existiendo la luz solar”.

La vitamina D y el sueño

Por otra parte, la especialista nos explica que “cuando abrimos los ojos por la mañana, la exposición a los fotones solares provoca la secreción de unas hormonas que permiten que nos activemos y funcionemos con normalidad. Por lo tanto la luz solar determina en gran parte nuestro ciclo vital, sueño-vigilia”.

Algunos estudios han demostrado una acción directa de la vitamina D en los mecanismos reguladores tanto del sueño como del dolor. Esto ocurre porque las bajas concentraciones de vitamina D se han relacionado con somnolencia diurna y una peor calidad de sueño nocturno. Esta condición impacta de manera directa sobre el dolor crónico, ya que cuando se duerme peor, el dolor se intensifica.

IMPORTANTE
Este blog tiene como objetivo dar a conocer la actividad de la Clínica del Dolor de Madrid al público en general. En ningún momento la información de estas líneas reemplaza el diagnóstico médico o la prescripción de tratamiento que determine el personal sanitario para cada paciente.